Donde hay Amor, hay Paz…

Una voz fuerte habló,

mas bien

fue un grito de dolor,

y la solidaridad brotó,

en medio

de tanto escombro…

La casa se derrumbó,

el fuego de mi hogar

cesó.

La muñeca de largas trenzas

se perdió,

y el balón de fútbol

ya no rodó…

 

El ruido de los autos

se detuvo.

Los motores cesaron,

algunos edificios

se derrumbaron,

mientras otros se vaciaron.

Aquella ciudad

y la calle donde solía andar,

ya no están…

Ni la computadora,

ni el celular funcionan,

ni los programas

de televisión.

 

Mis libros,

en el caudal de agua

se sumergieron y desaparecieron.

Tango, mi perro amado,

aún no ha regresado.

El mundo en un segundo

ha cambiado…

Ahora mi país es quieto,

las noches son serenas,

no hay cables, ni electricidad,

ni ruido estridente,

pero en el cielo

hay un millón de estrellas más…

 

La gente que ha nacido

después del huracán,

del terremoto y la tormenta,

es puro Amor…

Ella comparte lo que llega a sus manos

y el pan con ellos, es mejor.

Mi familia ahora es grande

y además, juguetona.

Narra historias, refranes

y en las tardes, hacemos tertulias,

mientras los abuelos encienden

los faroles, tal cual lo hacían

en su niñez.

 

El mundo unidos, es mejor.

En las noches oramos,

cantamos y los cuentos de papá,

me hacen gozar…

La nueva Tierra es mas sencilla

y en cada amanecer, nos abrazamos.

Ahora valoramos a la gota de agua,

a cada respirar y a la Vida.

Cada momento es un invento mágico,

donde se aprende a convivir.

Y aunque mi casa ya no tenga techo,

alberga un calor familiar

porque donde hay Amor, todo está en Paz.

Categorías: Poesía

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